Un profundo estudio de las herramientas esenciales para una buena comunicación es primordial a fin de analizar los aspectos que intervienen en las relaciones comunicacionales, a los efectos de hacer una profunda investigación respecto de los vínculos que se trazan entre los escritores-emisores y los lectores-receptores de un mensaje. Entendemos que quienes transmitan su pieza a comunicar lo harán luego de dotarla de significativos aspectos que le darán mucha seriedad y un carácter detenidamente planificado.
Por tanto, es muy importante que quien proceda a su puesta a disposición del público –mediante el medio que el emisor elija- tenga en cuenta la totalidad del bagaje –conceptual, social y cultural- con que los receptores potenciales de aquella pieza cuentan, con el objeto de anticipar y prever las reacciones que sus observaciones, sitas en dicho texto –sea oral o escrito-, podrían ocasionar.
Es sabido que una situación dada o la conjunción de hechos constituyentes de un contexto en particular, no son recibidas de igual modo por los representantes de una cultura que por quienes forman parte de otra. Éste es un motivo que lleva a los emisores de un mensaje a transmitirlo luego de un análisis serio de las características nombradas. Entonces, un texto que será transmitido debe formar parte de un bien constituido sistema de variantes que haga al correcto despacho del mismo como mensaje, para ser fiel a sus fines comunicacionales.
A este respecto, el análisis profundo de ciertas características del emisor, mensaje y receptor constituirá un grupo de herramientas esenciales para una buena comunicación. En treinta apariciones mensuales de dicho tema en el presente boletín, dotaremos a usted de las armas primordiales y necesarias para establecer un vínculo comunicacional exitoso con sus lectores.
Al adentrarnos en la observación de las particularidades que dotan al emisor de un mensaje,debemos estudiar no sólo aquellas acciones que lo constituyen, sino también las que lo diferencian de sus competidores.
En el caso de la literatura llamamos competidor a quien se disponga –como nosotros- a dedicar buena parte de su tiempo al armado de aquel texto a emitir y constituirá un mensaje que será recibido por un receptor.
Listamos a continuación una serie de variantes a ser consideradas en el estudio del emisor:
·Estilo: Nos referimos aquí a las características que dotan al emisor de una conducta en particular que atañen no sólo a las cualidades a utilizar para crear el mensaje, sino también a las características que forman y limitan a esta pieza, a la hora de ser transmitida.
·Pedacito de alma preferido, a analizar y al que desea llegar con sus mensajes: Hablamos de esa pieza que aquí llamamos del alma o similar con la que el emisor busca relacionarse, de diversos modos, a través de la transmisión de su mensaje.
·Género: Es menester saber a través de cuál de ellos el emisor desea comunicarse y dotar, de algún modo, a los potenciales receptores de esta información.
·Identidad: Suele ser imprescindible que los escritores cuenten con una serie de variantes que les brinden cierta personalidad específica a la mirada de los lectores. Frases del estilo “ese apodo es muy similar a los usados por García Márquez” –el escritor colombiano Gabriel García Márquez y la técnica de escritura que utiliza suelen despertar este tipo de observaciones- constituyen una parte primordial del objetivo que cualquier escritor debe orientarse a obtener respecto de su manera especial de transmitir sus mensajes.
Al hablar del estilo, consideramos que es menester tenerlo y que sea un modo de ayudar a que el escritor se destaque y diferencie en relación a quienes detenten actitudes similares a las propias al momento de transmitir un mensaje.
Estas actitudes no sólo se aplicarán al mensaje, sino que también –en relación con los aspectos que nombramos respecto de las variantes mencionadas luego, junto a la identidad con que debe contar un escritor- formarán parte de las funciones que dan lugar a ciertas características específicas de un emisor en especial.
Por ejemplo, cuando de escritura se trata, redactar todos los textos respecto de una temática en particular o hacerlo en función de ciertos sistemas lingüísticos determinados, mencionamos la existencia de un estilo, que está siendo seguido al momento de crear un mensaje.
Por supuesto que la elección del pedacito de alma preferido, a analizar y al que desea llegar con sus mensajes constituye un aspecto muy específico y relacionado con el estilo, antes descripto, al momento de realizar un análisis exhaustivo de los escritores-emisores en este caso.
Consideramos a la literatura como una suerte de atajo que logra hacer llegar el mensaje que ellos quieren transmitir a un lugar específico, determinado por el escritor, de los sentimientos y pensamientos de los receptores de esa transmisión. Llamamos pedacito de alma preferido a este plano que el escriba debe considerar especialmente.
Sabemos que la mente humana hace ciertas elecciones, que se manifiestan respecto de lo que conocemos como gustos. Por esto, existen alentadores de un club de fútbol en especial –que nuestro cerebro y sus funciones eligen- y no de otro. También, en función de la literatura, el pedacito de alma preferido suele verse afectado por ciertas escrituras y no por otras. Desde ya, la elección del material a leer está influenciada por esta situación.
Por esto, el escritor debe definir a qué pedacito de alma quisiera afectar o ser el centro de atención al que sus textos intentarán llegar y dejar su huella, a fin de lograr elaborar una serie de obras dirigidas en función de una meta –o pedacito de alma- en común.
Muchas veces, los emisores no pretenden que sus mensajes se relacionen con cierto pedacito de alma en función de sus receptores. Sin embargo, es menester considerar que existe un fenómeno de relación entre lo que el lector recibe y ciertos sistemas particulares, que hacen a sus gustos; por lo que el escritor debería analizar estas características en particular, a fin de evitar que sus textos impongan ciertas reacciones inesperadas en sus lectores.
Entendemos que, más de una vez, la inspiración dirige las aristas que darán forma al mensaje a transmitir. Por este motivo, los textos no siempre responden a una planificación específica del pedacito de alma al que desea dirigirse y llegan, de ese modo desordenado, a las manos de sus receptores. Sin embargo, recomendamos realizar una proyección de lo que cada escritor quisiera comunicar y atenerse a ella ya que, de esta manera, el trabajo dado por una serie de mensajes textualizados y transmitidos gozará de la seriedad que esta organización brinda y la misma será transmitida a los receptores y bien recibida por ellos.
Respecto de esta planificación, consideramos que es menester relacionarla con una serie de géneros mediante los que el escritor se comunicará con sus potenciales receptores.
Una vez determinada esta serie de objetivos a cumplir, según su planificación, el escritor-emisor elije dotar de un sistema de seriedad organizativa, que será casualmente una suerte de guía que facilitará, sin saberlo, la relación del lector con su producción.
Existen tres géneros literarios básicos. Ellos son:
·Género lírico: En este caso nos referimos a la expresión de sentimientos y pensamientos. Aquí, la subjetividad del escritor se manifiesta con total soltura. Puede presentarse en verso o en prosa, indistintamente.
·Género épico: Expresa y cuenta, objetivamente y a través del verso, hechos reales o imaginados. La epopeya es un fiel representante de este género. Es importante tener en cuenta que los versos suelen ser extensos, que cuentan con la intervención de fuerzas sobrenaturales en sus historias y que siempre aparece en ellos un héroe, que carga y desarrolla la historia que dará forma al texto.
·Género dramático: El autor manifiesta, a través de este género, historias diversas que se desarrollan a través de personajes varios que atraviesan una serie de conflictos diversos. Puede manifestarse tanto en prosa como en verso y su gran particularidad reside en que se representa ante un público reunido especialmente para recibir el mensaje que allí será transmitido.
Es claro que cada género cuenta con una serie de características que identifican su unicidad y que lo relacionan, desde diferentes espacios, con lectores-receptores tan diversos como los intereses que los identifican y los llevan a buscar un tipo de texto determinado.
Recomendamos la realización de una lectura profunda de las características del emisor hasta ahora descriptas, la planificación del tipo de trabajos textuales a realizar en un tiempo determinado, el afianzamiento de estas decisiones en un cuaderno que debería utilizarse a fines relacionados con las nuevas actitudes respecto de la expresión literaria. Este último punto es de vital importancia puesto que el cerebro brinda fijación en la mente a aquellos asuntos escritos. Por este motivo, consideramos que esta libreta debería contener toda la información surgida respecto de estos temas: desde los datos obtenidos en un seminario o similar que trate puntos relacionados con la planificación realizada hasta textos redactados como el borrador de una nueva obra.
Esta organización de los trabajos signados por el arte, parece algo excesiva. Más allá de esta observación, es primordial el hecho de brindar cierto orden y planificaciones al total de características que llevarán adelante a la obra. De esta manera, los lectores-receptores pueden verse especialmente atraídos hacia una obra literaria dotada, no sólo de expresiones lingüísticas que los atraigan, sino que también gozará de una seria planificación que expondrá el camino que el autor desea recorrer a través de sus textos y mensajes.
En la próxima entrega analizaremos la característica denominada como identidad, que forma parte del grupo de asuntos actitudinales que dan consistencia o cuerpo a la figura que conocemos como escritor-emisor y estudiaremos los fenómenos de competencia –si se dan- entre estos personajes.